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LA LECCIÓN DE QUILAPAYÚN
FuenteRevista Onda Fecha16 Febrero 1973 PaísChile
Edición transcrita

Pero frente a la agresión extranjera, una buena lección chilena. Quilapayún nunca ha hecho misterio de su compromiso y solidario con él invirtió la plata pagada por su actuación en la compra de entradas que repartió a sindicatos, federaciones estudiantiles y grupos juveniles en general. Es decir, aquellos sectores que siempre han estado marginados de ese “magno escenario” y que por primera vez tenían la oportunidad de escuchar y aplaudir a la verdadera canción chilena.

Los aplausos y demostraciones de afecto fueron tan grandes, que los organizadores se asustaron y encontraron que era el colmo que en “plena Quinta Vergara” se viniera a cantar “las ollitas”, “la batea” y “la oda al cobre”. Para ellos eso es intervención política y no el hecho de que dos días antes el solo nombre de Pablo Neruda provocara una rechifla de padre y señor mío por parte de los sectores reaccionarios de la Quinta.

Lo que también resultó curioso comprobar fue el grado de objetividad de quienes manejaban en ese momento la transmisiones del Canal Nacional (Beltrán, Alarcón, Ravani, Santis y un técnico), que pese al insistente pedido del público, que se prolongó por cerca de 40 minutos, se opusieron a que Quilapayún saliera de nuevo y entregara más canciones de su repertorio, en circunstancias que con los otros artistas bastaba solamente medio minuto de aplausos para que se les hiciera repetir su actuación.

Como última movida de esta jugada, los organizadores y la Ilustre Municipalidad (con mayoría de oposición) determinaron que lo más “justo” era suspender el Festival y reiniciarlo una vez los ánimos se hubieran clamado. La verdad es que con esto sólo se impidió la actuación del conjunto para el día siguiente y la Quinta Vergara cerró una vez más sus puertas al canto popular. De todas maneras, todavía deben dolerles los oídos a los “ilustres ciudadanos” de Viña con las verdades que les cantó QUILAPAYÚN.