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A mediados de los 70 la «Salsa» lo invadió todo.

Latinos de Nueva-York, portorriqueños, dominicanos, panameños y venezolanos armaron una zalagarda mundial. Fenomenales bandas y solistas aparecieron cantando y tocando wuawuanko, merengue, son y guaracha, rumba y danzón. Todo el mundo bailaba sobre acordes de tónica y dominante con extensiones salidas directamente del jazz. Irakere en Cuba hacía furor, Pedro Navaja y El ratón también. Hasta los argentinos se metieron al baile, no sólo de tango vive el hombre. La pachanga era para los sudamericanos una nueva patria musical común.

Así partimos de gira a Varadero en 1980 invitados a un festival internacional. Después de un sacudido vuelo aterrizamos en La Habana con los nervios de punta, eran las 5 de la mañana hora local. La suavidad y la tibieza del aire, el sol y las tranquilas palmeras que bordeaban la costanera nos apaciguaron rápidamente.

Los compañeros cubanos tenían un grave problema con la “Salsa”, nombre con una connotación comercial evidente: business are business. “Oye chico, qué es eso de la Salsa, coño, eso es son cubano” ¡…comemiedda…!”. Propiedad intelectual, tradición cultural usurpada. La discusión fue interminable. Paquito de Rivera, Chucho Valdez, Irakere y Gonzalo Rubalcaba demostraron que los compañeros tenían razón.

En ese mismo viaje me tocó presenciar y escuchar una cantidad impresionante de grupos de “Salsa”, el festín, duró 8 horas seguidas. Desde entonces no volví a escuchar nunca más ese estilo musical… hasta la aparición en los años 90 del Buena Vista Social Club, excelente documental-musical realizado por el guitarrista americano Ray Cooder. El éxito internacional de ésta película y del son cubano fue inmediato.

Se me cayó el alma al ver a estos viejos músicos-cantores, pedazos de la historia musical cubana olvidados por la revolución, asombrados de estar en Nueva York cantando en el Carnegie Hall, hoy día están casi todos cantando en el cielo. Chan-Chan.

“Fidel Castro con quince de los suyos y con la libertad bajó a la arena…” escribió Neruda y cantó en otro son el Quila…

Los revolucionarios también mueren.